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Si pensabas que juegos como Lethal Company o Phasmophobia habían llevado la paranoia multijugador a su límite, prepárate para dudar de todo. El estudio barcelonés Garage51 reveló recientemente el primer tráiler de jugabilidad de CORDURA, una ambiciosa propuesta de terror y supervivencia cooperativa con valores de producción AA que promete romper amistades y destrozar nuestros nervios en PlayStation 5 y PC.
Puedes ver el tráiler aquí:
La premisa de este título de 1 a 4 jugadores nos traslada a una época victoriana distorsionada. Los jugadores asumen el rol de trabajadores descartables enviados a mansiones procedurales generadas aleatoriamente para extraer un codiciado recurso: las «Rosas de la Noche». Sin embargo, el verdadero protagonista del juego no es el entorno, sino su escalofriante inteligencia artificial.
El Sistema Mimic: No confíes en tus oídos
El núcleo jugable de CORDURA reside en lo que sus creadores han bautizado como el Sistema Mimic. Aprovechando el chat de voz por proximidad, la oscuridad del juego literalmente escucha a tu escuadrón. Si te separas del grupo, el juego es capaz de copiar las voces y el aspecto físico de tus compañeros para atraer a los jugadores hacia trampas mortales.
¿Ese amigo que te pide ayuda desesperadamente al final del pasillo es realmente él, o es la Noche intentando aislarte? El silencio te mantiene oculto, pero la falta de comunicación garantiza una muerte segura en estos laberintos cambiantes.
Riesgo, recompensa y locura procedural
Además de la constante paranoia, CORDURA implementa un sistema de riesgo permanente. Los edificios corrompidos transforman su arquitectura en tiempo real, lo que significa que tu ruta de escape puede desaparecer en cualquier momento. Si un jugador cae, su equipo y su botín se pierden para siempre, a menos que los supervivientes decidan arriesgar el pellejo en una misión de rescate para recuperar el cuerpo.
Garage51, un estudio que ha crecido sostenidamente desde 2018, demuestra con este proyecto una madurez técnica notable, alejándose de los «jump scares» baratos para apostar por el terror psicológico sistémico.






